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Mitología o Leyenda de la Luna PDF Imprimir E-mail
Escrito por Alberto Jaime   
Martes, 04 de Mayo de 2010 03:20

En la mitología griega, Selene era la diosa lunar, hija de los titanes Hiperión y Tea. Su equivalente en la mitología romana era la diosa Luna.

El de diosa lunar es invariablemente un papel principal. Si su nombre es griego, está conectado con selas, que significa «luz», por la propiedad reflectiva de la luz solar durante la noche.

En la genealogía divina tradicional, Helios, el sol, es su hermano: después de que éste termine su viaje a través del cielo, Selene comienza el suyo cuando la noche cae sobre la tierra. Su hermana(por tener origen similar) Eos es la diosa de la aurora, quien también tuvo un amante humano, Céfalo.

Selene y Ediminón

La luna siempre ha sido objeto de admiración. Su pálida belleza y su imponente presencia en Luna Llena en el infinito inspiran a poetas y enamorados. Selene fue protagonista de muchas historias de amor, pero su romance con Endimión fue el más profundo y su más bonita leyenda de amor.

Endimión, un humano aunque de origen divino y nieto de Zeus, era un pastor de Caria. Había ocupado el trono de Elida, pero luego de ser destronado, se refugió en el monte Larmos y se dedicó al campo y a los astros, enamorándose de la luna, la única compañía además de su soledad. Este pedazo del cuento nos informa de la estrecha relación del hombre del campo con la Luna...y de la simpatía de la ella por los hombres mortales.

Ediminón. todas las noches, después de realizar sus tareas diarias, dormía profundamente dentro de la cueva que le servía de morada. Pero si el tiempo era bueno, se tumbaba desnudo junto a la puerta de la cueva a dormir al aire libre. Endimión contemplaba a Selene y su corazón se nutría de un amor silencioso, hasta caer dormido.

Selene no sabía nada del gran amor que había inspirado en el pastor, pero una noche bajó a la tierra, le vio dormido y desnudo y le amó en sueños. Desde entonces le visitó todas las noches, le encontró siempre dormido, y se recostó junto a él sin despertarle. Así, él dormido y ella despierta, se amaron por mucho tiempo durante las noches...

La diosa ignoraba la fascinación del pastor hacia ella, y él tampoco sabía que durante sus sueños se volvía objeto de amor de la diosa. Hasta que una noche Endimión despertó en pleno amor y se enteró de que era el amante de la diosa. Ambos se confesaron su amor secreto y la felicidad los envolvió. Pero entonces entró un temor en él, ya que había pasado el tiempo y su cuerpo comenzaba a marchitarse. Le pidió a Selene que le concediera juventud eterna con su poder divino. Ella recurrió a Zeus y éste decidió que Endimión no sufriría el paso del tiempo mientras estuviese dormido; sólo envejecería durante la vigilia.

Endimión le hizo prometer a Selene que lo acompañase siempre que él durmiera. De ese modo, él no envejecería y siempre que se despertaría estaría feliz. Pero entonces, cuando estuviese despierto, ella no estaría.

No se conoció ni explicó un final para ninguno de los dos. El mito hace creer que Selene y Endimión continúan amándose en silencio en algún rincón remoto de la tierra.

Aunque la historia de Endimión es la más conocida actualmente, los himnos homéricos cuentan que Selene también tuvo con Zeus tres hijas incluyendo a Pandia, la «completamente brillante» luna llena, y según algunas versiones también el león de Nemea.

En Arcadia también fue amante del dios Pan, quien la sedujo envolviéndose en una piel de oveja, le regaló el yugo de bueyes blancos que tiran del carro en el que es representada en los relieves, con su velo levantado por el viento sobre su cabeza como dosel arqueado del cielo.

Mito Chino sobre las cicatrices de la luna

Un mito chino habla de las cicatrices de la luna. Cuenta que hubo una época en la que la luna era aún más caliente que el sol, y abrasaba la tierra y a sus habitantes con sus rayos. Con la intención de poner fin al sufrimiento de los hombres, Qua, un mortal con una constitución y fuerza envidiables, subió a la cima de una montaña y arrojó a la cara de la luna un puñado de arena que el calor fundió y adhirió al rostro. Dolorida y aterrorizada, la luna se refugió en un punto lejano de los cielos, desde donde su calor ya no hacía daño a nadie, pero la huella de la arena arrojada a ella permanecería siempre, imborrable, en forma de las cicatrices y surcos que nosotros conocemos.

La luna, a pesar de sus permanentes cambios de fase, tiene un importante componente de serenidad, de paz, de equilibrio y estabilidad. Relacionada con el mar, de hecho, guía de las mareas, comparten muchas de las ideas que se asocian al otro. Y hay pocas imágenes tan hermosas como el camino que hace la luna cuando de noche ilumina las aguas marinas...

Tiene un componente romántico, soñador, alimento de la imaginación y la fantasía... También ha ido asociado muchas veces a la fertilidad, posiblemente porque el ciclo menstrual de la mujer va paralelo al ciclo lunar. Así, en muchas aldeas de Alemania se habla de la Luna refiriéndose a la menstruación, y los maoríes de Nueva Zelanda creen que es una enfermedad provocada por la luna, que atrae la sangre con su mirada y dota de poderes a las mujeres a cambio de su "ofrenda".

Como curiosidad, ha sido tal la importancia de la luna en algunas etapas históricas que hace tiempo los médicos llevaban a cabo ciertas prácticas haciéndolas coincidir con las fases de la luna. Así, era mejor tratar los problemas sanguíneos durante el primer cuarto de luna, los coléricos en el segundo, los flemáticos en el tercero y los melancólicos en el cuarto. Simbólicamente, las fases también llevan conceptos asociados. La luna nueva se asocia con la muerte o la hechicería. La luna creciente, en forma de cuenco, casi esperando recibir, es la luna virginal y prometedora, lista para la fertilización. Y la luna llena es la autoridad de la sabiduría, la madurez, la plenitud, también de la receptividad y la más relacionada de las tres con la diosa madre.

Recopilación de Alberto Jaime.

Última actualización el Miércoles, 05 de Mayo de 2010 02:54